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viernes, 4 de enero de 2013

Necesidades básicas: Ellos.

Disfruto de una sonrisa grande y una risa que corte el viento, fuerte, feroz. Unas manos firmes y limpias, que den seguridad, pudor y ganas. De unos labios grandes, de una voz que diga lo que piensa con determinación, respeto y orden, de una conversación acalorada, una discusión fundamentada; de la paz de una charla amena, de una llena de tonterías bien pensadas. Disfruto del talento, la seguridad, la calidez. Un hombre capaz de llenar su propio tiempo y espacio, sin vacíos, celos ni achaques. De la seguridad, el auto-control, el auto-reconocimiento y la confianza en él mismo. Disfruto del hombre risueño dueño de una canción favorita, una película, un poema, un libro, un color, una comida, una fragancia, un lugar. Disfruto del hombre que no compite con su mujer: Qué complementa, participa, enseña y aprende, del hombre equitativo, respetuoso y altanero. Disfruto del hombre capaz de lanzar un sarcasmo, una lágrima. Al hombre con desdén y determinación. Con superación, letras y cerebro. Disfruto del hombre activo, rápido, bien vestido. Del buen cuñado, del buen nuero, del nuevo amigo. Disfruto del hombre curioso lleno de preguntas y de respuestas. Amo al hombre que pregunta el ¿Por qué? y responde al ¿Cómo? Disfruto del hombre lleno de sorpresas, al que puede caminar en la lluvia y al que igual toma café o cerveza; me gusta el hombre con clase, verborrea, manías, ascos, mitos y leyendas. Prefiero al impertinente que al inseguro, al pedante que al débil. Disfruto del hombre capaz de crear una revolución en mi sistema, en mis hormonas. Al que te dirige por la calle, al que jamás discute por una tontería, al que ríe con cinismo, al que habla con los ojos: ¡Jamás a un hombre haciendo un berrinche, una escena, jamás a un hombre que grite, que me deje llorar! Disfruto de los hombres totales, completos, ajenos al drama, al control de mi tiempo y mis compañías. Disfruto a los hombres y he de decir que me encuentro perdida en esta sociedad que los ha dejado desarrollar ridículamente su lado femenino: ¡PERDIDA!

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