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domingo, 13 de enero de 2013
Puñeta Literaria.
Nunca me ha gustado la gente optimista. – Sé que es una aseveración muy fuerte para comenzar un relato, o lo que sea que llegue a ser, pero es la verdad. Nunca me han gustado esas personas que van por la vida diciendo que “somos dueños de nuestro destino” o “cada quien pinta su vida del color que desea”, que “somos ‘los arquitectos’, de nuestro camino”: Yo creo que hay factores fuera de nuestro alcance que determinan una gran cantidad de las cosas que nos pasan día a día. Libre albedrío, qué puñeta mental.
Personalmente siempre he creído que vivo dentro de una “novela romántica” bastante mala, - casi adaptable al cine a una comedia protagonizada por Katherine Heigl, en la cual sufra despavoridamente por desamor-, personajes repetitivos, mal formados, villanos torpes, protagonistas chillones: Yo contra el mundo. Un drama semi-adulto con tintes adolescentes. ¡Consulte su cartelera! Una novela carente de epílogo, una película con sinopsis mediocre.
Hay que entender también que esto no es una declaración donde afirmo totalmente que soy la víctima de la historia, muy por el contrario, es simplemente que me cansé de vivir en este espiral donde ya nada tiene pies ni cabeza y la única manera de externarlo fue esta.
Los mejores consejos de mi vida los he encontrado como piedras en la cabeza en las páginas de un libro: Siempre atinados en momento y situación. Cuantas veces he querido citar a Jaime Sabines diciendo: "Esta es la última vez que yo te quiero, en serio te lo digo" o desordenar los tiempos verbales porque el amor es mucho, la desidia, la intriga: “Yo vieron subir la luna, o "nos me duele el fondo de los ojos", y sobre todo así "tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros."¡Qué ganas de tener la capacidad de sorpresa de Cortázar! ¡Qué ganas de caminar por Macondo!
En cambio estoy aquí, buscando excusas en detalles que no servirán de nada, pensando que pasaría si dejara ir todo lo que tengo, soltar “los ganchos”, decir con mis palabras: “Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte”, sin terminar diciendo “vete a la chingada”, qué ganas de entender porque no tengo la capacidad de sanar por mí misma, de cuidarme el corazón de ese montón de villanos mediocres mencionados anteriormente, ¡Qué ganas de guardar la dignidad para las personas que de verdad valen la pena! Todas esas cosas que los personajes de mis libros entienden, pero uno que respira en este mundo contaminado de montón de estupideces es solo capaz de entender cuando ya no vale la pena entender nada.
Factores, luchas sin motivos, mediocridad emocional. Si pudiera describir al “actor principal”’ de mi comedia romántica diría que es un hombre inteligente, más no lo suficiente, totalmente talentoso en su rama, pero tan corto en la misma como lo es en sus sentimientos, un hombre que raya en lo miedoso de ser tan “precavido”, patán hasta la médula y totalmente encantador: De esos, conozco miles, he querido a algunos y tienes que creer cuando te digo que he llorado más de tres años por el “genérico intercambiable” de este grupo de muchachos que no me han llevado nunca a nada. Si pudiera describirme como “actriz principal”, diría pendeja empedernida enamorada de los casos sin remedio, chillona incontrolable, talento y horas desperdiciadas, señorita “puñeta mental”, ¡Una chingonería! ¿Dueña de mi propio destino? ¿Arquitecto de mi camino? Bueno, he hecho más por algunos de lo que han hecho por mí y seguramente tú eres una de esas personas “de luz” que me dirán que fue mi decisión, bueno, no lo fue, en absoluto, porque tú como persona que cree en las vibras, el universo y su conspiración deberá entender que hay personas que te chupan las ganas hasta de despegar los ojos en la mañana: Yo soy experta en estar enamorada de esos “vampiros energéticos”, pitos descarriados que nunca, jamás, hubiera elegido tener en mi vida, pero que mis palabras desatinadas, precoces y abrumadoras no han podido mantener a raya de la manera elegante, como la Dr. Violetta R. Smith diría en Diablo Guardián: “Yo debería estar diciéndote que soy maravillosa, pero como creo que tú ya te diste cuenta de eso, digo estas cosas para confundirte. Para jugar contigo. Para que seas mi muñequito”, o quizá “Pero no soy ingenua, insisto, soy quien soy: La oveja negra, la plebeya ambiciosa, la puta de este hotel, la bruja de este cuento. Ni modo de esperar que me pongas de princesa, ¿ajá?”, pero de cualquier manera que lo diga, a este punto de mi vida, lo único que me gustaría es que alguno de mis héroes literarios escribiera: ¡Vete mucho a chingar a 20! Para así poder citarlo con total comodidad, sabiendo que dije algo que una genialidad de persona dijo antes. Espero que esto, al igual que a mí me pasa a veces con otros escritores, a ti, querido lector, también te pegue como una roca de 500 toneladas en esa cabeza tuya que muy pocas veces te he visto usar para pensar cosas inteligentes que no te dejen ver como el actor principal de esta comedia romántica de la cual acabo de realizar una espléndida sinopsis.
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