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miércoles, 21 de noviembre de 2012
Vous.
Y entonces queda únicamente el suspiro, el pensamiento pedante que dice, como mediocre consuelo,'Yo estuve ahí primero'. Queda la mirada de altanería, la sonrisa falsa; un buenas tardes forzado, el típico y cansado 'estoy bien'.
Quedan las migajas de los recuerdos que poco a poco, de tanto repasarlos, se van convirtiendo en mentiras, de esas que nos contamos a las seis de la mañana para conciliar el sueño.
Es una lástima que no estés conmigo cuando la tetera suena anunciando que el agua está lista, cuando prendo un cigarro y a la mitad, lo tiro al piso, sabiendo que era tuya la otra parte del vicio. es una lástima que no estés aquí cuando pego flores de sueños por toda la pared o cuando no puedo alcanzar algo en la alacena. Siempre resulta triste ver derramarse el café por toda la estufa al momento de hervir y que no estés a mi lado diciéndome: Así sabe mejor, que queme, que duela.
Es cansado el triste sentimiento que me provoca verte caminar de su mano cuando coincidimos por ahí, oírte contarle el montón de historias que yo, tranquilamente, escuchaba apoyada de tu hombro derecho. Es algo que nos pasa a todos, tú sabes de lo que hablo, nos invade este egoísta sentimiento que pronuncia muy algo: ¡Yo estuve ahí antes que tú! (Tomé sus manos, bese sus labios) esas patanerías de adolescente, pajas mentales: Hoy te quiero a las tres de la tarde, mañana no, quizá me acuerde de ti y te pida que seamos amigos y después escriba esta verborrea que hable del miedo que me da saber que vuelves loca mi memoria, las ideas e ideales, tal vez vuelva un día y contradiga todas estas cosas y ría, pero hoy, al verla vivir la vida que rocé un día contigo, no me queda más que decir: ¿Quieres tomar un café? Esperando que mi sonrisa todavía logre engañarte.
- Susana de la Torre.
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